February 7, 2015

Mito: ¿Emisiones netas cero?

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC (Biodiversidad, sustento y culturas No. 83)

Febrero de 2015

La realidad y los informes científicos nos muestran que las consecuencias del desequilibrio climático son cada vez más devastadoras para millones de personas y los ecosistemas. Pero los grandes contaminadores, empresas y gobiernos, no están dispuestos a renunciar a sus fuentes de lucro, que son las que, en gran medida, han causado la catástrofe. Así, apuestan por peligrosos remiendos tecnológicos, como la geoingeniería, intentando paliar los síntomas, sin tocar las causas. El mito que justifica estas falsas “soluciones” se llama “emisiones netas cero”: no es necesario dejar de emitir gases con efecto de invernadero si se toman medidas que los compensen, en un artilugio contable que en términos netos daría cero.

El quinto informe sobre cambio climático global del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), finalizado en octubre de 2014, llama a reducir hasta en un 70% las emisiones de gases al año 2050 y a lograr cero emisiones en 2100. De lo contrario, la temperatura subirá de 2 a 5 grados, causando una cadena de desastres. Los impactos más graves serán en los países del Sur. Los datos y responsabilidades son claros: el caos climático se debe a la expansión del industrialismo basado en petróleo, gas y carbón, principalmente para generar energía, un sistema alimentario agroindustrial y una urbanización salvaje. Tan sólo Estados Unidos y nueve otros países de la OCDE, provocaron más de dos tercios de los gases emitidos desde 1750. El principal emisor actual es China (23% de las emisiones globales), seguido de Estados Unidos (un 16%). Estados Unidos emite en promedio 17 toneladas por persona y China 5.4. Según el investigador Rick Heede, 90 grandes empresas de petróleo, carbón, gas y cementeras —en su mayoría privadas—, han causado 65% de los gases con efecto de invernadero. No está en su agenda disminuir sino aumentar sus actividades. Les es muy útil el mito de que se puede compensar las emisiones.

La idea de “emisiones netas” ya existía con los mercados de carbono, que no han reducido ni un ápice las emisiones, pero sí justifican que empresas y actividades contaminantes sigan emitiendo gases, mientras lucran mediante proyectos “compensatorios” como REDD y otros.

Ahora, el IPCC (infiltrado por intereses transnacionales), promueve un paquete de tecnologías de alto riesgo, que sugiere podrían usarse para lograr emisiones netas cero: captura y almacenamiento de carbono (CCS por sus siglas en inglés); bioenergía con CCS (BECCS) y energía nuclear. Aunque el IPCC insiste que es necesario reducir de un modo drástico las emisiones, plantea escenarios que podrían compensarlas “tecnológicamente”.

La captura y almacenamiento de carbono (CCS) es absorber gases emitidos por la industria e inyectarlos a grandes profundidades, en fondos geológicos o marinos. Es una tecnología de la industria petrolera, usada para empujar las últimas reservas en los yacimientos. Ahora, la promueven como solución para almacenar dióxido de carbono. Pero nadie puede asegurar que el CO2 permanecerá en el suelo, que no habrá fugas en otra parte o en el futuro, con impactos graves, pues el CO2 a altas concentraciones es tóxico. También podría causar terremotos.

Como implica gran infraestructura y es muy cara, las petroleras no la han usado más, pero ahora podrían obtener pagos por almacenar carbono, lo que sería un subsidio público a las mayores causantes del cambio climático, apoyándolas de paso a que exploten más petróleo, externalizando los costos y riesgos a todos

La bioenergía con CCS es peor. Implica enormes monocultivos de árboles, cultivos y pastos que quema para energía y absorber el CO2 con CCS; aumenta el acaparamiento de tierra y la disputa por suelo y agua para producir alimentos. Según la cuenta, daría emisiones negativas, convirtiendo a las petroleras en salvadoras del planeta. Ambas tecnologías son consideradas geoingeniería; legitimarlas abre la puerta a otras tecnologías que podrían desequilibrar aún más el clima global.

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